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Un Pokémon en Gaza

10/05/2024
 Actualizado a 10/05/2024
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Bulbasaur es mi favorito. Ah, ¿sabes que este era uno de los tres Pokémon iniciales? Pero no me acuerdo cómo evoluciona. Evoluciona en Ivysaur, tiene una semilla en el lomo que va creciendo y creciendo como una planta.

Ambos pasan páginas despacio, admirando cada una de las cartas. Ella es médico de la Seguridad Social, él, Pequeño Zar. Ella dice, cuando era pequeña yo también coleccionaba cartas Pokémon, y suspira. Me pregunto cuántas doctoras de la Seguridad Social tienen tiempo para hablar de Pokémon con sus pacientes. Miro el reloj. Ejem, tengo que ir a trabajar. Salimos de la consulta, Pequeño Zar muy satisfecho. Me gusta esta doctora, dice.

Las cartas Pokémon llevan años instaladas en nuestra familia. Escuchaba a Pequeño Zar hablar de ellas, contarme las propiedades de los bichos-monstruos, este evoluciona a este, este a este, y jamás prestaba atención. El día en que Pequeño Zar lleva su álbum a la consulta y pasa un buen rato hojeándolo junto a la doctora, algo cambia. ¿Qué es eso que atrae tanto a mi hijo como a una doctora de la Seguridad Social? 

Investigo sobre Pokémon, un videojuego japonés creado en 1996 que ha tenido infinidad de versiones, rediseños y ‘spin off’, y cuyo ‘merchandising’ incluye series, películas, cartas. Encuentro toneladas de información en Internet. Pero lo que más me interesa es que su creador, Satoshi Taijiri, de niño, era un apasionado de los insectos. Los buscaba, los estudiaba, los guardaba en cajitas. Quería ser entomólogo. Le fascinaba la doble existencia de los insectos: las orugas se convertían en mariposas; las larvas, en moscas. Animales que se transformaban. Que evolucionaban. Como los Pokémon. A Satoshi le encantaba la naturaleza, sus jerarquías, sus formas, se inspiraba en ella. 

Resulta que la inspiración de Satoshi conmueve a millones de niños, solo en cartas coleccionables, se han vendido más de 20.000 millones en 74 países. La inspiración de Satoshi está muy arraigada en la cabeza de nuestros hijos, es una especie de metáfora para todo. Sin ir más lejos, Pequeño Zar estaba anoche colocando sus cromos en el álbum con el Telediario de fondo y saltó la inspiración Satoshi, La corresponsal contaba que los israelíes habían bombardeado una ciudad y las familias allí refugiadas debían huir, pero todos los pasos para salir de Gaza estaban cerrados. Pequeño Zar levantó la vista un momento y la clavó en la pantalla, mamá, ¿cómo ‘evolucionan’ en la guerra? ¿Qué quieres decir? Si luego los niños de Gaza se convierten en algo. ¿En qué? No sé, les salen alas, crecen, ya sabes cómo los Pokémon, así pueden escapar. No contesté, en vez de hacerlo dije, hala, ya es hora de irse a la cama. No quise profundizar, no quise explicarle que los niños palestinos no tienen adónde escapar. Eso aún no lo ha resuelto Satoshi.

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