04/04/2025
 Actualizado a 04/04/2025
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A la puta mina se entra, pero no se sabe si se va a salir, por más que la costumbre diga que sí. Son tantos los que no han salido que en las cuencas se mantiene la precaución permanente de que otra vez puede volver a pasar. Sin embargo, esta vez ha sido distinto, esta vez sí parecía que se había acabado, que igual que se había ido todo lo bueno que dejaba la mina, con ello también se había marchado todo lo malo con lo que amenaza la mina, la puta mina.

La mina ya solo deja en León dolor y lágrimas,incluso cuando parece que ya no hay mina. Desde toda España se mira estos días con compasión al valle de Laciana, no sé si ignorando o queriendo ignorar que durante muchos años han abandonado a su suerte a las cuencas, sin nada a cambio y sin ninguna alternativa. Lo que se ha vivido estos días en Villablino, en Torre del Bierzo, no es solo el luto por cinco hombres que se han dejado la vida, sino la demostración de que la idiosincrasia de estas zonas está lejos de Valladolid y muchísimo más de Madrid. Que los políticos (que no los representantes más cercanos del pueblo) se quedasen fuera en el funeral, vale más que mil palabras.

Lejos queda ya aquella Laciana que bullía con la mina, de donde venimos muchos leoneses que si estamos aquí es porque nuestros antepasados buscaron entre el carbón un futuro mejor para ellos y para los suyos.  A mi abuelo Vicente se lo llevó la puta mina. Ciertamente fue afortunado, porque al menos le dejó vivir bastantes años y disfrutar del único motivo por el que alguien se puede meter ahí abajo, el ver a los suyos prosperar. Me hace mucha gracia, porque ofenderse sería demasiado aprecio, cuando quien no se ha movido de una silla de oficina en toda su vida laboral critica la pensión de un minero. Cómo sería la cosa que cuando mi abuelo salió de la mina en busca de un trabajo más ‘tranquilo’, con los ahorros que había logrado respirando mierda y labrándose una silicosis, se compró un camión con el que recorrerse en jornadas interminables  las intransitables carreteras de la España de los años 70.

Es una de miles de historias marcadas por la mina, la puta mina que esta semana se ha llevado a cinco hombres más a los que desde el miércoles ya solo les lloran los suyos.Su familia, sus amigos, su valle, sus cuencas. Lejos están de estar solos.

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