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Suites al pie de las suites

30/03/2025
 Actualizado a 30/03/2025
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Aquellos con trabajos de incierto futuro se enfurecen hasta salirles humo por los lagrimales cuando la gente con contrato fijo (y especialmente la raza funcionarial) fantasea con qué haría si dejase su curro por falta de necesidad o cuando se jubile o cuando sus hijos sean mayores y puedan emprender otras aventuras. Junto con los morros kilométricos afloran entonces en la conversación la carpintería de autor, el guiado turístico y hasta la restauración en modo choco de ollas ferroviarias. 

Es todo muy poco de fiar. Nunca salen a colación los aspectos penosos de dichas actividades. Atender nocturnos telefonazos, satisfacer peticiones extemporáneas, llamar al 112 por posible intoxicación alimentaria. Y no digamos pagar autónomos. Pero, caso de que a usted no le enfade la fantasía ¿a qué se dedicaría para seguir activo por pura vocación? ¿qué le gustaría ser (hacer) de mayor? No responda ahora, hágalo al acabar de leer los siguientes renglones, que yo también quiero participar de la mojiganga. 

El menda montaría un hotelito pequeño, con muy pocas habitaciones, recoleto, butí, en francés peninsular. Un alojamiento inspirado en algunos aspectos de otros que he visto por ahí regentados por matrimonios de vuelta de lo suyo. Con un jardicincito con un par de árboles que den sombra y bancos metálicos y alguna mesa redonda de piedra musgosa, donde puestos a pedir (que fantasía modesta es pecado) en verano pudiese celebrar conciertos privados de autores interpretando sus propias partituras. Un poco lo que hacía Eduardo Arroyo llevando artistas y coleguitas a Robles de Laciana (perdón a la gente de Laciana, que les arrebaté Lumajo en otra ocasión atribuyéndoselo a Babia) pero por negocio en mi caso. 

Alberto Iglesias, por ejemplo, sin ir más lejos, en el jardín de mi casa. El compositor de cabecera de Almodóvar, el responsable de sus honduras de thrillers dramáticos sería un buen fichaje para arrancar la temporada de ‘suites al pie de las suites’. Y no se me envenenen los del incierto futuro, que no lo hago con maldad, peor es lo de las ollas ferroviarias. 

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