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Terrafilias y biotopías

03/10/2025
 Actualizado a 03/10/2025
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Un jardín de cristal de Murano. Las figuras ¿qué representan? Las formas de las bacterias de las aguas fecales. Es una obra de Asunción Molinos Gordo que se encuentra en la exposición “Terrafilia” en el Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid. Un increíble laberinto de belleza y naturaleza que mezcla obras del Museo con obras contemporáneas de la fundación TBA21. Todas bajo el común denominador del amor a la tierra. Mientras recorro las salas con mis compañeros de APIA (Asociación de Periodistas de información Ambiental), escucho frases: dar voz a lo que no tiene voz; cómo nos construimos con el entorno de la naturaleza; más que humanos. 

Me interesa el lenguaje del arte en torno al medio ambiente. Es un lenguaje que oscila entre lo poético y lo científico. Un lenguaje muy creativo. A veces tan creativo que es difícil de entender. Pregunto por qué en esta exposición se habla de «más que humanos». Me contestan que colocar al humano en el centro del universo, el antropocentrismo, nos ha llevado a destruir el planeta. Existen los humanos y, por contraposición, todo lo que no es humano. Pero si dices “más que humanos”, suavizas la concepción antropocéntrica. Vale, es un buen razonamiento. Pero entonces, no sería mejor ¿humanos-animales-vegetales? O sea, volver a lo de siempre. Me lío.

A los pocos días voy a Granada al festival Biotopías de literatura y naturaleza. Me encuentro con el escritor Ernesto Pérez Zúñiga. Ernesto hace años que vive en un pueblo. La conversación gira en torno al abismo cada vez mayor entre el conservacionismo y lo rural. Es una cuestión de lenguaje, digo. Si alguien desde muy arriba proclama: vamos a hacer un pacto para el cambio climático. Los de abajo, a quienes se les han quemado las casas, las cosechas, los montes, miran hacia arriba y no entienden nada. No entienden que contra el fuego se proclame un pacto para el cambio climático. Contra la falta de medios para la extinción: un pacto para el cambio climático. Contra la falta de medios para la prevención: un pacto para el cambio climático.

El lenguaje es parte de la belleza en el arte. El lenguaje es la belleza en la literatura. Pero a la hora de la realidad, a la hora de la tierra, el lenguaje se convierte en un arma. El lenguaje de los políticos no es el lenguaje de la gente de la tierra. No es el lenguaje ni de los humanos ni de los no humanos ni de los más que humanos. Da la sensación de que las políticas sobre medio ambiente, sobre despoblación, sobre las comunidades rurales, están escritas en el idioma de los que habitan los despachos. Los despachos de Valladolid, de Madrid, de Bruselas. Ellos no hablan el lenguaje de la tierra, me digo. Entonces se me aparece “Terrafilia”, ese título tan acertado de la exposición de TBA21, y pienso, “terrafilia”, eso es lo que les falta a nuestros políticos.
 

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