"Vivamos cada procesión como si fuera la primera, como si fuera la última, como si fuera la única"

Marta Franco pregonó la Semana Santa de León con la música cofrade y la nostalgia de quienes viven fuera como grandes ejes

05/04/2025
 Actualizado a 05/04/2025
Marca Franco López fue la encargada de pregonar la Semana Santa de León de este 2025. CAMPILLO (ICAL)
Marca Franco López fue la encargada de pregonar la Semana Santa de León de este 2025. CAMPILLO (ICAL)

Marta Franco hizo de su pregón «una carta de amor a nuestra Semana Santa». El Auditorio Ciudad de León fue este sábado escenario del acto en el que se pone voz al sentir de miles de papones a escasas fechas de que las campanas del Mercado anuncien que la Madre de León da sus primeros pasos por la calle Herreros, donde no cabrá un alfiler.

La pregonera de este año –la cuarta después de Inés Prada en 2004, Aurora García en 2017 y Laura Cordero en 2022– es una leonesa afincada en Sevilla. Traductora, intérprete, redactora, correctora, locutora y responsable del departamento internacional de un hospital, es papona desde que tenía seis años y hermana de Santa Marta y Angustias.

Marta Franco tiene una gran vinculación con la música cofrade, ya que perteneció a las dos bandas musicales vinculadas a Santa Marta –ya extintas– y actualmente toca en la Agrupación Musical Virgen de los Reyes de Sevilla.

La música cofrade y la nostalgia que sienten quienes viven lejos de la tierra fueron por tanto dos de los ejes de un pregón que se centró en glosar las grandezas de «un amor que no entiende de lugares, climas ni escenarios», el amor a la Semana Santa. Y los sones que acompañan a ese sentimiento fueron los primeros protagonistas gracias a «quienes no entienden la Pasión sin un instrumento entre las manos». «Me gustaría poder hablar de recovecos, estrecheces y atajos, momentos y caminos, pero no me atrevo. Desde pequeña he vivido una Semana Santa que se cuenta por marchas, entradas, salidas y traseras de pasos; muchas traseras de pasos. Espaldas de crucificados y de Cristos orantes, siluetas de misterios y olivos bamboleantes y rostros escondidos tras la celosía de las flores que adornan el paso; traseras al fin y al cabo. No hace mucho tiempo escuché que el momento más triste para la banda llega cuando se le ve la cara a la imagen para cerrar la procesión, ya que supone que, por hoy, todo ha terminado», aseveró la pregonera.

Esas bandas formadas por personas para las que la música «no es acompañamiento, sino vida» y cuya vida gira a partir de septiembre en torno a ensayos, conciertos, marchas nuevas y recuperadas, clásicas por derecho propio o clásicas que lo serán. «Del otoño al de primavera, las horas discurren sobre partituras. Es el amor lo que mueve tantas horas de dedicación, tanto tiempo robado a la familia y las amistades para lograr que la sucesión de las notas en el pentagrama adquiera volumen, color y forma, para que abandonen su forma escrita, se fundan con sus intérpretes y llenen, henchidas de fe, el entorno», argumentó Marta Franco antes de ensalzar la «hermandad continua» que la música cimenta más allá de las procesiones en un «aprendizaje» marcado por la convivencia y la tolerancia. 

La música, como eje de la Semana Santa y como un «cordón umbilical que nos une irremediablemente a esta tierrina nuestra que es madre y madrastra al tiempo». «Porque siempre estás, aunque debamos aprender a quererte desde la distancia, o porque la vida tenga reservados otros planes para las horas de ensayo. Dejar de tocar abre la puerta a una Semana Santa que, hasta el momento, permanecía oculta ante nuestros ojos. Aprendemos que nunca nadie será capaz de entender esta bendita locura en toda su extensión, porque hay tantas procesiones como paponas y papones», agregó la pregonera.

Y de ahí que cada uno viva de manera diferente cada año el inicio de la Semana Santa. «Siempre se repite la misma secuencia, pero nunca hay dos idénticas. Se acelera el corazón como si fuera la primera vez que se pone un pie sobre los adoquines. Se respira un aire lleno de emoción e incertidumbre con sabor a las primeras pedaladas estivales en la bicicleta del pueblo después de casi un año sin tocarla, narró Franco antes de hacer un recorrido por los principales actos de la Semana Santa, un camino que «puede parecernos largo, pero siempre lo recordamos corto». «Vivamos cada procesión como si fuera la primera, como si fuera la última, como si fuera la única. Que nadie nos robe este momento. Que nadie se crea con derecho a manchar, ni lo más mínimo, nuestra ilusión. Al final, quizá lo valioso de esta vivencia sea volvernos a ver. Quizá no importe nada más que juntarnos, abrazarnos y tener una excusa para compartir tiempo. Estamos a las puertas de ver, sentir y expresar una fe que al mismo tiempo se hace eterna y es fugaz. Viviremos de nuevo diez días en los que el tiempo es flexible y el espacio cambia sin dejar de ser el mismo, diez días de feliz cansancio y de cambiar comer por dormir, diez días de llegadas, reencuentros y recuerdos que nos acompañarán al menos hasta la siguiente», describió la pregonera.

Diez días que llevarán a la tarde del Domingo de Resurrección, que transcurre entre el «traqueteo» de las maletas, que anuncian, como «carracas», el recorrido de otra procesión, «la de la despedida hasta la próxima vez que juntemos un par de días y podamos volver a casina». «Y esto marca el inicio de una suerte de vía crucis para quien se queda en la casa otra vez vacía y para quien llega a un hogar lejos de ella en la que hemos tenido que aprender a cantar y a reír, pero no dejamos de llorar y suspirar, León, por ti», concluyó Franco.

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