(Cristina Ibáñez. Artista plástica)
Hoy nos acercamos a una artista plástica que formó parte de lo que en su día, al comienzo de los años ochenta, momento que la pilló en pleno proceso formativo, se dio en llamar el Colectivo de Jóvenes Artistas Plásticos de León. Comenzando su camino por el mundo del arte plástico en 1981, durante toda una década fue intercalando su residencia en León con distintas estancias formativas y artísticas en Barcelona (donde se licenciaría en Bella Artes por la especialidad de Pintura (1986), en la Universidad Central Pompeu Fabra). A ella volvería posteriormente para especializarse también en Restauración-Conservación (1991), doctorándose también en Humanidades. Hablamos de Cristina Ibáñez (León, 1962), de quien ahora hace un año pudimos ver en la sala de exposiciones del Albéitar una importante muestra individual que bajo el título de ‘Kami’ recogía un amplio recorrido por más de quince años de trabajo, estructurado en torno a diversas series que, según palabras de Luis García, «plantea un conjunto de investigaciones creativas y plásticas que abarcan casi quince años de trabajo intenso aplicando las técnicas más diversas y multidisciplinares: el dibujo, la pintura, la apropiación de objetos, la imagen, la fotografía, la instalación o el vídeo».
Ya desde sus inicios formándose en la materia, alterna dicha formación con el trabajo y la actividad expositiva que permite mostrar sus obras, en muchas ocasiones en muestras colectivas, tanto en León como en Cataluña, siendo sus obras seleccionadas dentro de diferentes premios de pintura. A la experiencia formativa y expositiva de Cataluña, une también la lograda en tierras alemanas, donde obtuvo otras experiencias profesionales y expositivas que ampliaron su bagaje.
Finalmente, en los años 90, vuelve definitivamente a León, ligada a la Escuela de Arte de León, donde actualmente es profesora de Artes Plásticas, mientras continua con su faceta como creadora y también como restauradora de Bienes Culturales, perteneciendo a la Asociación de Conservadores y Restauradores de Castilla y León.


La obra de esta artista ha pasado por una multiplicidad de etapas, pero en todas ellas queda patente esa exploración de la naturaleza, a la par que del lenguaje, en piezas que continuamente buscan tender puentes entre Oriente y Occidente y que ella define como puentes «entre el oriente del alma y el occidente de la crítica», y que en no pocas ocasiones (según cuenta) encuentran su inspiración en la montaña de Valdeteja. De ella, en algún momento nos diría Marcelino Cuevas: «con su gestual iconografía de letras, grafías y petroglifos nos sujeta entrañablemente a la madre Tierra». Y con esta reflexión les dejo recomendándoles que busquen su obra y la disfruten.