Es muy posible que para retratar bien un espacio en un tiempo determinado haya que sentirse extraño, mirarlo como si uno no formase parte de él y encontrar todo lo que nos debería resultar familiar como raro.
En la exposición ‘Mother India’, que se podrá visitar hasta el 17 de marzo en la sala de El Albéitar, se presenta una extensa serie de imágenes que muestran el que seguramente sea el lugar más fotogénico del planeta, la India, fotografiado por Raghu Rai, originario de esa región del mundo. Rai es indio y su mirada no es del todo complaciente, tampoco busca exclusivamente denunciar la dura realidad de su país, muchas de las escenas que recoge pudieran parecer idílicas, un costumbrismo poetizado que se alimenta en el gran manantial estético de la India y que cautiva al espectador occidental como algo pintoresco, diferente y lejano.

Raghu Rai, a lo largo de sus más de seis décadas de trabajo, ha pulsado el botón de la cámara con naturalidad, rehuyendo de la habitual estetización de la pobreza y del tremendismo que compite por unos pocos segundos de atención en la cada vez más infinita iconosfera. Son las suyas fotografías no urgentes sino esenciales, composiciones que no denuncian sino que muestran; algo que necesitamos ante la saturación generalizada de imágenes efímeras en la que vivimos: otras imágenes: las que se paran, las que nos transportan. Es muy probable que en la mayoría de estas fotografías lo que haya es un deseo de extraer la belleza de la vida, un instante en la mirada que encuentra el mundo extrañamente hermoso.