Esta es la descripción que de el leonés Paco Robles hace Miguel Ángel Fernández, escritor que ha llevado la historia de Paco a un libro que se presenta en el Museo Etnográfico de Mansilla a las 17.30 horas, en un acto al que acude desde Londres —la tierra en la que hablaban una extraña lengua— el protagonista de la historia, el autor del libro —Miguel Ángel Fernández—; el autor del prólogo, el escritor mansillés y habitual colaborador de La Nueva Crónica Toño Morala y el ex alcalde de Mansilla, Ramón Tuero. El libro se titula ‘Paco Robles. El niño vasco de Mansilla de las Mulas’.

Y, además, el autor había conocido al niño indefenso. La familia de Miguel Ángel Fernández había veraneado en los años 60 en Mansilla, precisamente en la casa de los padres de Paco, Germiniano y María, una conocida familia de esta localidad que otro mansillés, Toño Morala, recuerda en su prólogo: «Paco Robles, el nieto de ‘Patapalo’ e hijo de Germiniano Robles, de Mansilla de las Mulas, y de Martina Hernando… un hombre bueno con una niñez partida y rota, que tuvo que salir adelante con la fuerza que da la sobrevivencia para contar al Mundo la realidad y la verdad de aquella terrible angustia; pero aún hoy, seguimos sin aprender nada, algunos siguen creando guerras y hambrunas y siguen los refugiados por la vida adelante… y muchos son niños… no hay olvido, y sí, memoria y dignidad, la suya».
Se quedó en Inglaterra
Y así fue como aquel niño de 10 años desembarcó, nunca antes había subido a un barco, en Inglaterra, desde donde hoy regresa: «Paco ya se quedaría a vivir en Inglaterra; tardó en poder volver a su tierra, incluso fue declarado prófugo y tratado como exiliado político. ‘¿Qué clase de agitador político puede ser un niño de diez años?’ le recordó al cónsul de Franco». Fue Paco uno de aquellos niños que repetían con frecuencia: «¡Y eso que era solamente por tres meses!. Han pasado más 80 años desde que un mes de mayo salieron por mar desde Santurce, huyendo del hambre y de las bombas; muchos de ellos se quedaron en el Reino Unido para siempre». Y es que la familia de Paco había emigrado al País Vasco buscando trabajo en aquella industriosa tierra.«Soy Paco Robles Hernando, nacido en León capital, el día 25 de junio de 1926. Mi padre se llamaba Germiniano Robles Gallego, nacido en Mansilla de las Mulas el día 31 de enero de 1896, y mi madre Martina Hernando Fiel, nacida en Anguil (Burgos) el 30 de enero de 1897. Se casaron en León en 1925; tuvieron tres hijos, yo soy el mayor, luego vinieron María Jesús y Pedro Luis», así empieza el protagonista la historia de su vida. «No llegué a conocer a mis abuelos maternos. Mis abuelos paternos eran leoneses, él se llamaba Francisco y ella Joaquina; de ellos recuerdo que tenían varias propiedades en Mansilla y otros pueblos cercanos. Eran amos de viñas y toda la familia iba a la vendimia en septiembre, nos veíamos todos en el pueblo de Mansilla; allí tenían una propiedad grande con bodega y muchas habitaciones. El abuelo perdió una pierna no sé por qué, luego la otra. Sé que en el pueblo lo conocían por Patapalo, pero él no sabía que le nombraban así. Conmigo era muy bueno, pero la gente, ya viejos y muchos que ya no existen, decían que era un dictador. Sin embargo. les daba trabajo a todos».
Aquella familia, como tantas otras leonesas, encontraron en los Altos Hornos una posibilidad de futuro y para allá se fueron. Fernández recrea brevemente aquellos años para llegar a un momento crucial de la biografía de Paco. «La infancia alegre por las calles del Baracaldo, pronto se nubló; una vez más la prodigiosa memoria del amigo sitúa la fecha: ‘El día de la romería del Carmen, que era un sábado 18 de julio de 1936, explotó la Guerra y nos quedamos sin escuela porque la ocuparon los militares. Poco después los alemanes de la Cóndor Legión y otros venían, nos ametrallaban y tiraban bombas diariamente; muchos de mis amigos vecinos fueron muertos por esos».
Recuerda los bombardeos de Guernika, Durango, la incertidumbre... «Por fin el gobierno británico hizo caso de las advertencias y fletó un barco con capacidad para 400 pasajeros que se llenó con 4000; niños, niñas y acompañantes. «Era el 21 de mayo del año 37 hubo una evacuación de 4000 niños con maestros para Inglaterra en la cuál vine yo con mi hermana María Jesús en el barco Habana; Pedro Luis no pudo embarcarse, porque era muy pequeño».
Recuerda el autor que «el viaje era el desgarro, para los niños más pequeños el viaje era una aventura, máxime cuando las familias les repetían, -hasta la saciedad, queriendo hacerlo cierto-, que ‘solamente era por tres meses’». Y Paco Robles cuenta: «Aún me recuerdo de las lágrimas de mi madre mojando mi mejilla cuando se despidió de mí».
Cada niño llevaba una tarjeta de cartón con el rótulo ‘Expedición a Inglaterra’ y un número identificativo. «El domingo 22 de mayo el Habana llegó a Southampton. ¡Qué cantidad de gente! Nos dieron dulces y helados. El Salvation Army tocaba música: el ver esas señoras con esos sombreros que llevaban y los autobuses de dos pisos nos hizo reír mucho y nos dimos cuenta de que la vida era distinta en este país. Nos llevaron al campamento de Eastleigh y cuando vimos las tiendas de campaña todos dijimos ‘¡indios!’. Nunca habíamos visto tiendas y menos dormir en ellas». No eran indios, la población local se volcó con una generosidad emocionante hacia los expatriados, aquellos pequeños seres que venían de sufrir la tragedia de una guerra cruel.
Empezaba una nueva vida en medio del sueño del regreso... que no llegaría: «No vuelvas. Serás una carga para mí’. Con mensaje tan escueto, tan frío, quería la buena mujer que el niño desechara cualquier idea de regresar. Luego, ya mayor, comentaba que no se lo podía tener en cuenta a su madre, pero el mensaje le había resultado muy duro».
Duro pero real. No pudo volver, de hecho ahora regresa a su pueblo para presentar su biografía... desde Inglaterra.